Con la C-Leg® en el Himalaya

Estamos esperando nuestro vuelo a Lukla en el aeropuerto de Kathmandu. Esta es la quinta vez que vengo de excursión a las montañas de Nepal. Pero esta vez todo es diferente.
Mit dem C-Leg® im Himalaya

Artículo escrito por Irmgard Timpe

Estamos esperando nuestro vuelo a Lukla en el aeropuerto de Kathmandu. Esta es la quinta vez que vengo de excursión a las montañas de Nepal. Pero esta vez todo es diferente. “¡Mamá, lo vas a conseguir!” es lo que mi hijo me dijo hace dos años en Dinamarca. Yo estaba en cuidados intensivos y me enteré por el de lo que me había sucedido. Tras el accidente tuvieron que amputarme la pierna derecha por encima de la rodilla, la izquierda se rompió y tuvieron que arreglarla con un montón de componentes de metal. En ese momento dije: “Esta va a ser mi montaña más alta.” Pero esa imagen solo era una metáfora para mi vida futura con una prótesis.

Una amiga me dijo después del accidente: “Cuando vuelvas a estar en forma iremos otra vez al monte Everest.” Ahora, dos años después, ese momento ha llegado. El bi-motor con hélices está aterrizando en la pista corta e inclinada de la cordillera del Himalaya. Estamos a 2,800 metros por encima del nivel del mar y queremos llegar incluso más alto. En una zona del aeropuerto vamos a reunirnos con el Sherpa Sonam. Trabaja como guía y será el quien lleve mi gran mochila.

Entonces nos pusimos en marcha con nuestras mochilas y bastones. ¡Muy deportista! Nada me distingue de los demás mochileros. Solamente Sonam está mirándome un poco confuso. Nunca ha acompañado a un excursionista con una prótesis hasta las heladas alturas y el aire cortante del Himalaya. Pero yo no escondo mi discapacidad. Cuando muestro lo que hay bajo mi pernera derecha y explico como perdí la pierna en un accidente de coche, la gente me dirige miradas de consternación. Cuando les digo que mi pierna artificial dispone de un ordenador incorporado, sus miradas se iluminan de nuevo. Normalmente se quedan asombrados cuando les cuento todo lo que "dicha pierna" puede hacer y como consigo lograr lo que ni siquiera logran las personas no discapacitadas cuando estoy en  Hanover. Normalmente no pasa mucho tiempo antes de que una curiosa multitud se reuna a mi alrededor. En cada pueblo, los niños quieren tocar mi prótesis. Y nadie quiere cobrarme cuando recargo mi "pierna", incluso aunque la electricidad resulta muy cara a esas alturas. Para darme vitalidad y fortalecerme, a menudo me ofrecen pequeños manjares que han sido transportados a las montañas desde muy lejos.

Dos días después, me reúno de nuevo con mis amigos a una altura de 3,450 metros en Namche Bazar, el mayor pueblo del Parque Nacional Sargamata. Este es el lugar correcto para recuperarse del agotador ejercicio y tomarse las cosas un poco más tranquilamente. Mi habitación es la única con toma de corriente. De hecho, es justo la habitación donde Edmund Hillary, el primer conquistador del Monte Everest, pasó la noche con su esposa. Namche va a ser mi punto de partida para las excursiones diarias al Everest View Hotel que está localizado en una región más alta. Desde aquí también cuento con una vista extraordinaria de los picos más altos. Mi prótesis controlada electrónicamente funciona de maravilla. Todo funciona como debe. Después de unos cuantos días, las excursiones por la montaña casi se han convertido en una rutina. Lo único con lo que cuento ahora es con el aparato solar que me traje de Hanover. Aquí ya no tengo acceso a otras fuentes de energía. Tengboche con su monasterio budista será el plato fuerte de la excursión. Seguimos escalando cada vez más hasta que el altímetro de mi reloj de montaña marca 4,000 metres.

Como señal de agradecimiento, Sonam y yo dejamos algunas banderas de la oración en las alturas expuestas al viento antes de volver a bajar. Otra vez en Lukla, Sonam dice:  “La próxima vez, iremos al Campamento Base del Everest” (casi 6,000 metros). Me lo quedo mirando horrorizada. “Lo digo en serio” dice “¡Vd. puede hacerlo!” Solo una noche más en Lukla. Recuerdo los sonidos crepitantes del  Dudh Kosi, el majestuoso río en la montaña que lleva agua derretida desde la cordillera al valle. Cruzando esa corriente, sobre largos puentes colgantes, estoy siempre al acecho por si un yak cargado pudiese estar obstruyendo mi camino.

Varias veces esto nos ha obligado a retroceder deprisa - a un ritmo que yo no había creído posible después de perder la pierna. En el control de equipajes a la mañana siguiente inspeccionaron mi bolsa de mano: Mi “caja del tesoro” con todas las baterías, aparato solar, muchos cables, clavijas y herramientas de emergencia para mi prótesis. Como siempre, esto resulta muy molesto. ¡No, no es una bomba! ¡Y como siempre, tengo que levantarme el pantalón y explicar lo del ordenador, la energía y los aparatos solares! En el avión tengo que pelearme por un asiento de ventanilla. Por última vez miro las montañas que han sido mi hogar en las pasadas semanas.

A mi llegada a Kathmandu, recibo buenas noticias de Hanover. ¡Por fin, la compañía de seguros va a cubrir los costes de mi prótesis!

Paisaje del Himalaya


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