Mi hijo Jose, lleva seis años viviendo en la sabana africana. Es un joven emprendedor que tiene una empresa de safaris y un campamento en donde recibe a sus visitantes.


Llegó a Masai Mara cuando tenía 24 años y se pasó varios meses viviendo en la sabana con la sola compañía de Lemara y algunos masai con los que no era capaz de comunicarse porque ellos no hablaban inglés ni él swahili. Creo que fue en este tiempo cuando se dio cuenta de que sus hospedadores, que son la tribu más conocida del este de África, eran sin embargo los que menos se beneficiaban de la industria turística que les rodea, y decidió que él se buscaría un futuro en Kenia pero que no podría irse sin dejar algo a cambio. Fue entonces cuando se implicó en los proyectos de cooperación con los que actualmente colaboramos: una escuelita y un dispensario.
Desde que se estableció en Kenia, ha pasado por muchos momentos difíciles: en el 2008 hubo grandes matanzas en Kenia por fraude electoral, además se ha sentido acosado por algunos blancos de la zona, que se creen con más derecho a las tierras que sus propietarios, los masai. Pero los que nunca le han fallado han sido precisamente éstos. Siempre le han apoyado y protegido y los vínculos que han formado son muy estrechos. Cuando yo le transmitía mi preocupación por la situación del país, siempre me decía: “no te preocupes mamá, si consiguen llegar hasta aquí tengo a muchos masai con sus flechas envenenadas preparados para defenderme”. Como madre me siento
enormemente agradecida a este pueblo valiente y amante de sus tradiciones que han acogido a mi hijo con tanto amor, y también me siento obligada a compensarles de alguna manera.
Desgraciadamente tenemos pocos recursos, pues Jose ha llevado siempre estos proyectos a nivel particular y nosotros desde España hacemos todo lo que podemos. Tal vez conseguiríamos más si creáramos una asociación con soporte burocrático, pero todo ha ido fluyendo en el tiempo y al ritmo de África (que no tiene nada que ver con el frenesí occidental).
Mi otro hijo Jorge organiza anualmente una expedición con algunos de sus amigos a Masai Mara y aprovechamos para llevar a cabo alguna campaña importante (construir aulas, dotar de material, construir un comedor, hacer letrinas....). El año pasado organizamos una campaña para proporcionar uniformes a los niños de la escuelita que ha pasado de tener 60 alumnos a casi 250 (estamos desbordados).


Mientras Jorge y sus amigos se encontraban en Masai Mara vino un señor a entregarle una carta a Jose, pidiéndole ayuda para un bebé que tenía un “cribble”. No supieron de qué se trataba y no le hicieron mucho caso. Además como tenemos tan pocos recursos habíamos decidido que no podríamos emprender acciones particulares y que nuestros esfuerzos deberían ir dirigidos a beneficiar a toda la comunidad. Pero el padre de Oloserian no cejaba. Caminaba dos horas de ida y dos de vuelta para visitar a Jose y pedirle ayuda. La familia de Oloserian vive en un lugar bastante remoto en el que no se puede ir en coche. Tanto insistió aquel hombre que un día Jose decidió ir a
visitarlo a su manyatta y cuando vio al pequeño Oloserian arrastrándose por el suelo intentando jugar con otros niños se quedó totalmente impresionado. Hay que conocer una manyatta (conjunto de cabañas fabricadas con excrementos de animales y barro que constan de tres pequeños departamentos: uno para las personas y dos para el ganado) para saber las condiciones en las que se arrastraba el bebé. El suelo de las manyattas es barro y caca de vaca.
Oloserian es un masai que nació sin piernas. Algo que los masai no pueden comprender porque ellos no conocen otra forma para desplazarse que no sean sus piernas.
El problema de Oloserian creó un pequeño dilema. Habíamos decidido que nuestros esfuerzos
debían revertir en la comunidad y no teníamos capacidad para asumir casos particulares. Pero este bebé entró en nuestras vidas y yo creo que ya nunca se irá.
Oloserian me hizo llorar durante semanas. Lloraba de impotencia. Hasta que decidí llamar a algunas puertas.
La familia quería que valoraran las posibilidades del bebé en un centro para discapacitados y necesitaban recursos para desplazarse allí. Pero mientras estudiábamos esta posibilidad se me ocurrió escribir al doctor Pedro Cavadas, especialista en cirugía reparativa, para ver si se podía hacer algo por este bebé. El Dr Cavadas tardó escasamente una hora en contestarme y me dijo que él viajaba a Kenia en breve y que de lo único que tenía que preocuparme es de que el bebé estuviera en la ciudad a la que se dirigía y que él lo visitaría. Jose reunió a los padres de Oloserian y condujo durante 16 horas para llevar al bebé al lugar donde Pedro Cavadas iba a pasar consulta.
Desgraciadamente, el doctor Cavadas no dio ninguna solución. Jose estuvo enfermo por el shock y la impotencia.
Teníamos un camino cerrado. Todas las ilusiones que habíamos puesto en que el Dr Cavadas pudiera hacer un milagro se habían desvanecido.
Cuando nos repusimos un poco del shock, escribí al Dr. Cavadas y me contestó que lo único que podíamos hacer era buscar una solución “imaginativa” para este niño.
El día 9 de abril se inauguró el dispensario (el otro proyecto en el que colaboramos). Ha quedado muy bien pero tiene una pequeña deficiencia. No tiene agua. Se abastece de un pequeño depósito claramente insuficiente.
Con objeto de recaudar fondos para construir un pozo para el dispensario de Ositeti se me ocurrió organizar una pequeña fiesta en la que a parte de dar a conocer a los mallorquines este maravilloso pueblo hacer que los chavales de 4º de ESO tuvieran una pequeña diversión.
Para publicitar el evento conté con la ayuda de algunos amigos de la prensa local. Sabía que Jose iba a viajar desde la sabana a Mallorca en estas fechas y aproveché para incluir a Oloserian en el proyecto.
Gracias a la publicación de un artículo cuyo titular era “Un mallorquín pide ayuda para un niño masai sin piernas” y en el que aparecía la foto de Jose con la familia y el bebé, conseguí contactar a través de Mª José de la fundación ONCE, con María José Fernández de Otto Bock y la silla es una realidad.
Después de nueve meses de búsqueda podemos ver a Oloserian sentado en su sillita.
Solo puedo decir GRACIAS a todos los que habéis contribuido a que este bebé que es alegre y despierto tenga una posibilidad de futuro.
Victoria Olivares Company.
En el programa "Españoles por el mundo" tuvimos ocasión de conocerles. ¿Quiere conocerles usted?: http://www.youtube.com/watch?v=u20cPi-qqqo
